Los niños, protagonistas ayer en el Camp Nou. / FOTO: PEP MORATA - MD
- 80.000 culés, de ellos 50.000 niños, celebraron la Liga con los campeones
- La fiesta por la tercera seguida fue una enorme descarga de emociones
- Los hijos y sobrinos de los cracks se lo pasaron en grande sobre el césped
- Xavi y Puyol dieron la vuelta de honor con la 'senyera' de Suráfrica
- La grada y el vestuario se fundieron en un solo ser pensando en Wembley
Se habían hecho esperar, pero la llegada de los campeones de Liga al Camp Nou fue el arranque de una enorme descarga de emociones para los más de ochenta mil afcionados que casi llenan el estadio... y para los más pequeños. Los campeones acudieron con hijos y sobrinos, que compartieron protagonismo. Algunos hasta tuvieron su trocito de discurso, como Dylan, el hijo de Víctor Valdés, o los hijos de Dani Alves. Especialmente emotivo fue para la familia Abidal recibir y devolver el cariño que el jugador y todo el barcelonismo se profesan mutuamente.
Tras la aparición de Xavi y Puyol, un emotivo discurso de Manel Vich hizo saber a los jugadores que todo el barcelonismo está orgulloso de todos ellos y anunció al público que "ja els tenim aquí" (ya los tenemos aquí). Abrieron el fuego Corbella e Ibarz, los rostros más veteranos de este vestuario, pasando por todo el personal hasta llegar a Pep Guardiola, en el primer momento en que el Camp Nou pareció hundirse. Todos ellos improvisaron un pasillo para los campeones, que fueron apareciendo por orden de dorsales, desde Thiago hasta Víctor. La afición fue generosa y cada uno tuvo atención especial. Claro, con Messi el Camp Nou enloqueció, pero también se corearon los nombres de Mascherano, de Afellay, de Busquets, de Pinto y de todos, con referencias al próximo día 29 y ovaciones especiales para Puyol, Xavi, Iniesta, Víctor y Leo, los cinco que acumulan cinco Ligas desde 2005. Y Xavi aún ha de sumar la de 1999, con Van Gaal. Sí, en el siglo pasado. ¡Y tiene cuerda para rato!
Alguno, como el debutante Afellay, flipó lo suyo, mientras Keita exhibió veteranía y Pinto ejerce de líder. Piqué lo disfrutó más discretamente que otras veces y Villa recibió una tremenda inyección de moral por parte de la afición.
La vuelta de honor supuso una fusión total con la grada y para acabar, el himno 'a capella', como el día del Madrid, mientras el vestuario bailaba su ya célebre 'sardana mecánica', con los peques en el centro de la 'rotllana'. Un espectacular piromusical cerró la noche más mágica
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